Algunos de los autores que recurren a nuestros servicios de corrección de textos se ponen estupendos a la hora de buscar sinónimos y caen en la utilización de palabras ya en desuso.

Es el caso de la palabra que hoy os traemos: magín. Término muy utilizado en el Siglo de Oro, y de escasa aplicación hoy en día, se trata de un sinónimo de registro coloquial de imaginación, pero, a diferencia de esta, magín es un sustantivo de género masculino, por lo que debemos escribir el magín y no la magín.

3 comentarios en “Magín

  1. Estimado Javier. Desde mi punto de vista, todo es cuestión de equilibrio, de encontrar el justo balance entre el uso y el abuso, como en casi todas las cosas de la vida. Tampoco cabe olvidar que este tema se relaciona con otro: la escritura también es una forma de arte. Por poner un ejemplo, muchos grandes pintores lo fueron, precisamente, por romper las reglas de su época y lanzarse en pos de abstracciones y romper con el arte figurativo, por desafiar al público de su época. Soy consciente de que muchos escritores tienen como objetivo vender muchos libros, llegar con sus escritos al más amplio espectro posible de lectores. Me parece muy bien, porque escribir sencillo y escribir bien es algo muy difícil. Sin embargo, otros autores tienen en mente no solo al lector actual. Se deben a su obra, a su concepción de la misma y a un término, palabra también preciosa, que es «posteridad». El lector de hoy no es el de hace cien años, pero un libro es, en cierto modo, intemporal. ¿Cómo será el lector de dentro de cincuenta años? ¿Puede que tenga un chip en el cerebro con acceso inmediato al diccionario de la RAE y no le preocupen ya las premisas del dilema que tú apuntas? ¿Es posible que, si tal es el caso, se recupere el gusto por cierto tipo de literatura al que hoy se teme en base a juicios o prejuicios sobre la cultura del lector medio? El tiempo acaba poniendo todas la cosas en su lugar. Un abrazo.

  2. Estimado Javier, buenos días. Me alegra saludarte.
    Hay ocasiones en que parece que los autores nos dejamos los ojos en los diccionarios de sinónimos a la caza de la palabra más rara que haya, y por muy en desuso que esté, quizás buscando cierto efecto en su sonoridad, en el ritmo… Sin embargo, no siempre ocurre de esta manera. A veces, saltan a la mente desde el fondo de nuestra memoria palabras a las que acompaña un recuerdo agradable por obra y gracia de la memoria involuntaria, y ello, sin tan siquiera recordar dónde o cuándo la oímos o leímos por primera vez. A veces, es ese recuerdo agradable el que, incluso de forma inconsciente, nos impulsa a usarla.
    Aunque nunca la he usado, a mi me ocurre con «magín», una palabra que es bastante utilizada por el gran Ibáñez (ni más ni menos), puesta en boca del inmortal Mortadelo y otros personajes de su sin igual «magín», valga la redundancia. Siempre que recuerdo esta palabra lo hago con cariño. Yo siempre distingo entre «palabras raras» y «palabras en desuso». En cuanto a estas últimas, contra el desuso no hay más que un arma: el uso, porque también forman parte de nuestro tesoro lingüístico.

    • ¡Qué alegría leerte, Juan Pedro!
      Muchas gracias por tu comentario, que nos pone frente a la eterna cuestión de si debemos o no facilitar tanto la lectura a nuestros lectores como para eliminar de nuestros escritos las palabras raras o en desuso. Ciertamente, en pos de una lectura fluida, a veces sacrificar estos términos hace que el lector no tenga que hacer uso de un diccionario y, por lo tanto, que nuestra trama sea leída de un tirón, permitiendo mayor concentración. Como contrapartida, algunos términos caen en desuso y renunciamos a la vertiente pedagógica del escritor: acercar al lector, mediante sus obras, términos que no conocía, contribuyendo así a que amplíe su vocabulario.
      En la era de la revolución tecnológica, donde todo mensaje se simplifica hasta límites insospechados, me temo que la tendencia será a dejar de lado esos queridos términos raros que todos atesoramos. No obstante, quizá la misma tecnología también aporte alguna ventaja respecto de lo que venimos hablando: los sistemas de e-reader permiten hacer consultas rápidas que distraen poco de la trama al lector, por lo que podría usarse esta característica para incorporar términos en desuso y aclarar su significado con un solo clic.
      Un abrazo, Juan Pedro.

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