Nuestro equipo de correctores de textos ha corregido recientemente lo siguiente: “Le dio un tabardo que lo ceñía de la cabeza a los pies”.

Al consultarme mi compañera pensé: “Un tabardo debe ser como un mareo pero a lo bestia”. Me venía a la cabeza la expresión “me dio un tabardillo”, que se usa comúnmente para expresar que has sido víctima de una insolación y, por extensión, de una indisposición súbita. El tabardillo también es otro de los nombres bajo los que se recoge la enfermedad del tifus.

Desconozco a ciencia cierta si la palabra tabardo tiene alguna relación con la palabra tabardillo, pero un tabardo es, según el DRAE, una ‘prenda de abrigo ancha y larga, de paño tosco, con las mangas bobas, que se usa en el campo’. Por analogía, se llama tabardo a cualquier ‘prenda de abrigo basta’.

Se trata solo de una conjetura, pero quizás los enfermos de tifus, debido a las altas fiebres que presentan, eran arropados con un tabardo, y de ahí ha pasado a llamarse tabardillo a la enfermedad del tifus. Quién sabe, los caminos del lenguaje son, en ocasiones, inescrutables.

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